1. Revisa las dimensiones en píxeles
Un GIF que se muestra pequeño en una página puede tener dimensiones mucho mayores en el archivo. Cambiar su tamaño con CSS no reduce los bytes que descarga el visitante.
Comprueba el ancho y el alto del original y el espacio donde se usará. Conserva resolución suficiente para el texto, pero evita exportar un área de pantalla innecesaria.
2. Comprueba duración y número de fotogramas
Más segundos y más fotogramas suelen significar más información que guardar. Una pausa larga o pasos anteriores a la acción principal pueden ocupar espacio sin ayudar al lector.
CompressGIF conserva los fotogramas y sus tiempos. Si necesitas acortar la secuencia o cambiar la frecuencia de fotogramas, prepara el GIF en un editor externo.
3. Observa cuánto cambia entre imágenes
Una interfaz con fondo estable y un cursor en movimiento puede comprimirse de forma distinta a una escena con cámara en movimiento. El ruido, el agua y las texturas cambiantes dificultan reducir el archivo.
Dos GIF de igual duración y dimensiones pueden tener pesos muy distintos. Comprueba cuánto se reduce tu archivo en lugar de esperar un porcentaje fijo.
4. Elige el tamaño según el uso
Prueba 100 KB para una animación muy pequeña, 256 KB o 512 KB para reacciones y 1 MB para una breve demostración. Son puntos de partida, no límites universales.
Los objetivos usan bytes decimales. Si el resultado supera el objetivo, usa el botón de reducir tamaño y reintentar del resultado; después comprueba la legibilidad.
5. Compara el archivo final, no solo el porcentaje
Reproduce la animación completa y revisa texto, bordes, transparencia y repetición. Una gran reducción no compensa un mensaje que ya no se entiende.
Si el original ya estaba optimizado, puede haber poco margen. Guarda el original y elige el resultado que cumpla el destino con la calidad que necesitas.